Columna de Opinión. «Nuestra historia desde la pandemia»

 “Memoria selectiva para recordar lo bueno, prudencia lógica para no arruinar el presente y optimismo desafiante para encarar el futuro” – Isabell Allende 

¿Nos hemos preguntado cuándo se terminará la pandemia? ¿La pandemia ha alterado de manera importante nuestra vida cotidiana? ¿Tenemos miedo de relacionarnos con otras personas? ¿La crisis ha quitado la infancia, oportunidades e incluso derechos? 

Las consecuencias sociales y económicas de la pandemia se profundizan; con esto progresa la preocupación por sus efectos en el bienestar y salud mental de la población. En un escenario del aumento de la pobreza y de las desigualdades es esperable que aumente los problemas de salud mental. El estrés, miedo, ansiedad y tristeza son reacciones normales en un contexto de alta incertidumbre, más aún si se ve afectado: la salud, trabajo, ingresos, educación, movilidad, recreación, entre otros. 

La cuarentena presenta una pérdida del bienestar que forma la vida familiar, ya que, es muy difícil experimentar vínculos sociales afectivos y significativos en ausencia del contacto cotidiano y presencial con familiares y personas queridas. Existe la preocupación por familiares que no pueden realizar la cuarentena y que tienen mayor probabilidad de contagiarse con el virus. 

La situación económica y laboral realmente es preocupante. La pandemia ocasionó pérdida de fuentes de empleo y por supuesto, inseguridad e inestabilidad económica. La cesantía ha afectado la fuente de ingresos para la subsistencia familiar y también, la propia autonomía económica de las mujeres; generando tensiones, ciertamente vinculadas a los aún vigentes roles tradicionales, desigualdades y violencias de género. La ONU Mujeres (2020) señala que “las mujeres pobres y marginadas enfrentan un riesgo aún mayor de transmisión de COVID-19 y muertes, pérdida de sus medios de vida y aumento de la violencia” (p.1). 

La educación online es una brecha digital. Los/as estudiantes que se han incluido digitalmente se han desempeñado con mayor facilidad en los desafíos de aprender, sin duda, no todos/as tienen las condiciones adecuadas para hacerlo (espacio, conexión y herramientas tecnológicas) e incluso, tienen diferentes formas de educarse (auditivo, visual o kinestésico). Las brechas digitales regionales son evidentes. Según Araya & Estay (2006): “a nivel regional Chile tiene una importante brecha digital, la cual, se explica principalmente por el ingreso; por los altos costos de acceso a TIC y bajos ingresos per cápita de algunas regiones” (p.98). Los recursos públicos para reducir esta desigualdad se enfocan en llevar la conectividad en las regiones más aisladas, sin embargo, llegan atrasadas, ya que, presentan menores ingresos, oportunidades y educación. 

Las brechas e injusticias son más evidentes y se agudizan con el pasar del tiempo. Es fundamental afrontar la pandemia, centrarse en el impacto social y política, la respuesta económica, además del compromiso global. Sin duda, se le agradece al personal sanitario que están en la primera línea de la atención de esta crisis sanitaria y a la comunidad científica que ha hecho un gran trabajo para desarrollar vacunas seguras/eficientes. Juntos/as podemos poner fin a la pandemia. 

 

Araya, J & Estay, H. (2006). Brecha Digital Regional de Chile. Abril 23, 2021, de UCHILE Sitio web: http://www.tesis.uchile.cl/tesis/uchile/2006/araya_j/sources/araya_j.pdf 

ONU MUJERES. (2020). La pandemia de la COVID-19 y sus efectos económicos en las mujeres: la historia detrás de los números. Abril 23, 2021, de ONU MUJERES Sitio web: https://www.unwomen.org/es/news/stories/2020/9/feature-covid-19-economic-impacts-on-women 

 

Tamara Ayelén Casanova Ramos

Estudiante de Ciencias Políticas y Administrativas

Universidad de Los Lagos

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *