Columna de Opinión: «Trauma colonial: Recordar para que deje de doler»

En un momento de la historia chilena en el cual ha crecido una notoria preocupación por atender los problemas relacionados con la salud mental y en el que los pueblos originarios del país han sido integrados dentro de la redacción de la nueva carta magna, es que se debe prestar especial atención al trauma colonial, concepto que no ha estado presente en la realidad nacional ni tampoco ha sido abordado en las agendas de los diversos gobiernos que han transitado en el país.

El trauma colonial es descrito como un complejo, continuo, colectivo, interacción acumulativa y compuesta de impactos relacionados con la imposición de políticas y prácticas coloniales que separan a los pueblos indígenas de su cultura, tierras, idioma, entre otros (Mitchell, 2019). Asimismo, este tipo de trauma puede ser vinculado al trauma cultural, que se produce cuando miembros de una colectividad sienten que han sido sometidos a un acontecimiento horrendo que deja marcas indelebles sobre su conciencia colectiva, marcando sus propias memorias para siempre y cambiando la identidad futura de estos de manera fundamental e irrevocable (Alexander, 2016).

La manera de vivir estos traumas tiene directa relación en cómo el Estado Chileno actúa con las victimas (Matamala, 2021). Ningún gobierno ha sostenido las riendas de esta problemática, ni tampoco han pensado en las consecuencias que la época colonial pudo haber generado en las siguientes generaciones de pueblos originarios. El estado chileno ha actuado a través del uso de la fuerza y militarización, tal cual actuó la corona española en la época colonial, lo que conlleva a empeorar la relación estado-pueblos originarios y a revivir heridas provocadas por el colonialismo.

Podemos tomar el actuar del Estado a través de la noción del mal en Hannah Arendt, a través del concepto “banalidad del mal” entendido como el fenómeno de actos criminales, cometidos a gran escala, que no pueden ser imputados a una particularidad de maldad o patología, más bien los actos que se cometen son el resultado del deber que se cree poseer. El estado cree que su deber es mantener el orden público, lo cual las movilizaciones y el conflicto presente en la Araucanía le impiden concretar, por ello actúa a través de las fuerzas policiales para poder tomar las riendas del conflicto, lo que conlleva a una mayor tensión, tanto desde el estado como desde los pueblos originarios.

Por lo anterior, no ha de sorprendernos que, en el estallido social del año 2019, las protestas hayan sido acompañadas de destrucción de estatuas memoriales de diversos colonos y militares chilenos. Tal es el caso de la estatua de Pedro de Valdivia, quien fuera conquistador español, que fue destruida por protestantes en la ciudad de Temuco y puesta la cabeza, de la estatua, colgando de la mano de Caupolicán, quien fue un mapuche que lideró la resistencia del pueblo mapuche contra la colonización por parte de los españoles.

Así, debemos poder ser capaces de identificar aquellos hechos que causan el sufrimiento humano, puesto que a medida que podamos identificar estas situaciones/causas podremos ser capaces de asumir la responsabilidad moral de ello. El pasado duele, pero necesitamos de instancias de reparación que surjan desde el Estado para evitar que este tipo de situaciones que vulneran los derechos y libertades de diversos colectivos/comunidades se repitan, al contrario, una postura desde el Estado que minimiza y desconoce los hechos reabre las heridas del pasado. En el mismo sentido, la reparación nos permitirá avanzar hacia la superación y finalización del conflicto en la Araucanía.

Considero pertinente terminar este escrito con la siguiente frase:

El recuerdo está en el cuerpo. Él es quien elige las palabras que dirán lo que se recuerda. Lo que no se recuerda no será nunca olvido. Porque si no fue palabras, algo dicho o pensado o escrito, no puede olvidarse. Entonces un día, el recuerdo no olvidado, no hecho palabras, salta del cuerpo y se vuelve presente y vuelve a doler como en su día. Se recuerda para que deje de doler.

Carlos Liscano,
prefacio a Edda Fabbri en Oblivion, 2007, p. 5

 

  • Alexander, Jeffrey C.. (2016). Trauma cultural, moralidad y solidaridad. La construcción social del Holocausto y otros asesinatos en masa. Revista mexicana de ciencias políticas y sociales61(228), 191-210.
  • Matamala, F. (2021). Trauma transgeneracional: Cómo la violencia del Estado en el 18/O puede reabrir las heridas de la dictadura. CIPER Chile.
  • Mitchell, T. (2019). Colonial Trauma: Complex, continuous, collective, cumulative and compounding effects on the health of Indigenous Peoples in Canada and beyond. International Journal of Indigenous Health, 14(2), 74-94.

 

 

Javiera Ignacia Brandt Garcés

Estudiante de Ciencia Política

Universidad Católica de Temuco

 

 

Fotografía por Reinalagartija

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